Por qué entran a su página y no le llaman
Cuando entra gente a una página y no llama nadie, casi nunca es porque la página sea fea. Es porque el visitante no encontró en los primeros segundos qué hace usted, dónde trabaja y cómo contactarlo, o porque encontró algo que le hizo dudar: ningún precio, ninguna foto real, ninguna reseña. Las siete razones de abajo cubren la mayoría de los casos, se revisan en veinte minutos con el teléfono en la mano y ninguna obliga a rehacer la página entera.
Actualizado el 2026-08-16
1. El teléfono no se ve sin bajar
Es la más común y la más fácil de arreglar. Si el número está en el pie de página, la mitad de la gente no lo ve nunca, porque en el teléfono el pie está a cinco pantallas de distancia.
El número tiene que estar arriba, antes de cualquier cosa que haya que deslizar, y tiene que ser un enlace que marque al tocarlo. Un número escrito como texto plano obliga a copiarlo y pegarlo, y ahí se pierde gente.
Pruébelo ahora: abra su página en su propio celular y toque el número. Si no empieza a llamar solo, no está puesto como enlace.
2. No se entiende qué hace en dos segundos
Muchas páginas abren con el nombre del negocio y una frase bonita. «Rivera & Sons, excelencia desde el primer día» no dice si ponen techos o venden seguros.
El que llegó de Google no sabe nada de usted. Necesita leer, sin buscar, algo como «Plomería 24 horas en Hialeah y Miami Lakes». Feo, directo y claro gana a bonito y vago todas las veces.
3. No dice dónde trabaja
El que busca desde Homestead necesita saber si usted va a Homestead. Si no lo dice, asume que no y llama a otro.
Escriba sus ciudades con el nombre que usa la gente, no el del condado. Escriba también los barrios grandes si trabaja en ellos. Es la misma razón por la que conviene tener las ciudades escritas en el perfil de Google: el buscador y la persona necesitan lo mismo.
4. Tarda demasiado en cargar
En el sur de Florida mucha gente entra con datos del teléfono, no con wifi. Si la página tarda más de tres segundos, una parte se va antes de ver nada.
Lo que casi siempre pesa son las fotos. Una galería de cuarenta fotos sin comprimir, cada una de cuatro megas tal como salió de la cámara, es la causa número uno de una página lenta. Con veinte fotos bien comprimidas se enseña lo mismo y carga cinco veces más rápido.
5. No hay una sola foto de su trabajo
Las fotos de banco de imágenes se notan, y lo que transmiten es que no hay trabajos que enseñar. Un plomero sonriendo con una llave inglesa delante de una cocina blanca de catálogo no convence a nadie.
Diez fotos de trabajos suyos, hechas con el teléfono, valen más que cualquier imagen comprada. Si además pone el antes y el después, mejor: es la prueba más barata que existe.
6. No dice nada del precio
Aquí casi todo el mundo se equivoca por miedo. Se piensa que no poner precio deja la puerta abierta a más gente, y pasa lo contrario: el que no ve ninguna referencia asume que es caro, o que se lo van a inventar según su cara, y se va a la siguiente página.
Un rango honesto filtra y da confianza al mismo tiempo. «La mayoría de los trabajos van entre $300 y $800 según el tamaño» le ahorra a usted media tarde de llamadas que no iban a ningún lado.
7. No hay ninguna prueba de que existe gente contenta
Sin reseñas, sin testimonios y sin nombres, lo que hay es la palabra de un desconocido. Tres reseñas reales con nombre y fecha hacen más que cualquier frase sobre años de experiencia y compromiso con la calidad.
Si las tiene en Google, tráigalas a la página. Si no tiene ninguna todavía, pídalas: es lo primero que hay que resolver, antes que la página.
Cómo revisarlo usted mismo en veinte minutos
Abra su página en el celular, con datos y no con wifi, y cronometre. Tres cosas tienen que estar claras antes de dos segundos: qué hace, dónde y cómo llamarlo. Después baje entera y busque tres pruebas: fotos suyas, una referencia de precio y una reseña.
Lo que falle de esa lista es lo que hay que arreglar, y no hace falta rehacer nada para arreglar casi todo.
dudas
Lo que suelen preguntar
Si arreglo esto, ¿me van a llamar más?
Si le entraba gente y no llamaba nadie, casi seguro sí. Si no le entra gente, esto no es su problema: su problema es que no lo encuentran, y ahí lo que toca es el perfil de Google y las reseñas antes que la página.
¿Cuántas fotos son suficientes?
Entre diez y veinte, de trabajos suyos y comprimidas. Más de cuarenta solo hace la página lenta, y nadie las mira todas.
¿De verdad tengo que poner precios?
Un rango, no una tarifa cerrada. «Desde $X» o «la mayoría van entre $X y $Y» ya hace el trabajo. Si su precio depende mucho del trabajo, dígalo así mismo y explique de qué depende.
¿Vale la pena arreglar la página que tengo o hago una nueva?
Si la página carga rápido y es suya, arréglela: la mayoría de estas siete cosas son cambios de texto y de orden. Si tarda cinco segundos, no la puede editar usted o no está a su nombre, sale más a cuenta empezar de cero.
¿Y si no tengo página?
Entonces empiece por el perfil de Google, que es gratis, y por las reseñas. La página tiene sentido cuando ya tiene dónde mandar a la gente que pregunta y algo que enseñarle.